Desperté con la sensación de un sueño entrecortado, como si la noche no quisiera soltarme del todo. Afuera, el cielo parecía abrirse en escena: recortado entre nubes pomposas, en un rosado insinuante, rasgado por una guadaña invisible que dejaba escapar hemorragias de luz a borbotones.

Desde ese corte aparecía la luna creciente de un día de brillo, ” Luz Cenicienta” en astronomía, claridad tenue que anticipa lo nuevo 🌙.
A su lado brillaba Venus, guardián del deseo, y más arriba, casi imperceptible, latía la estrella Régulo, el corazón del León en la constelación de Leo.
¿Sería una escena de Truman Show?
Recordé entonces a Ostara, la antigua fiesta pagana que celebraba el renacer: el equilibrio entre luz y sombra, cuando la vida vuelve a brotar.
En mi balcón, la planta de la moneda (a la que semanas atrás le cambié la tierra) también respondía con brotes verdes .
Creo que entendí el sentido de “Kairós”, esa palabra griega que nombra al dios del instante: no es el tiempo del reloj, sino el tiempo oportuno, el momento inesperado en que algo se abre y vos estás lista para recibirlo.
Lo inesperado florece cuando hay un cuerpo despierto, una raíz fértil y una mirada capaz de reconocerlo.
Bienvenida Ostara.
Bienvenida primavera.
Bienvenido renacer.
Escrito por: Maru Atía
Producción Fotográfica propia




