Acuñé esta frase hace muchos años, cuando trataba de comprender mi forma de ver el mundo y la manera en que interactúo con él.

Decía que una buena charla es como pintar cuadros con palabras.

Colores. Sabores. Sonidos.

Cuando la palabra se convierte en pincel, puede matizar sentidos. Puede crear en nuestra imaginación un lugar al que quizá nunca lleguemos y, sin embargo, podemos verlo. No porque alguien nos lo haya mostrado, sino porque las palabras abrieron ese mundo imaginario.

Palabras como llaves.

Palabras que abren puertas, imágenes que permiten atravesarlas.

La palabra, por sí sola, nunca termina de decirlo todo. Hay algo que queda abierto, esperando que nuestra imaginación complete aquello que el lenguaje apenas alcanza a insinuar.

Con muchos años de análisis me di cuenta de que mi forma de comprender las cosas es visual, conceptual: un mundo de ideas que se relacionan en el aire entre ellas, ¡a veces sin tocar tierra! Muy distinto del de quienes comprenden el mundo de forma lineal, estructurada o literal.

¡Uf! Y la cantidad de problemas que tuve por ello (y, confieso, dependiendo del ambiente, a veces todavía tengo…). Hay legiones de literalidades que no entienden esta forma de pensar… pero hay que convivir.

Hoy leí una nota en Clarín sobre una nueva forma de evaluar la comprensión lectora en chicos. Una frase detuvo mi lectura:

“Para saber si un alumno comprende una palabra, primero le muestran una imagen y le piden que la relacione con ella.”

Pensé:

¡Claro! ¿y cómo lo hacían antes?

Recordé a una madre no muy empática que quería explicarle a su nene de dos años qué era derretir y me contó que le explicaba el proceso químico. Le dije: «¡Pero tiene dos años! Sacá un cubito de la heladera, ponelo en una hornalla y, cuando crezca, entenderá la química…».

Aún no comprendo por qué existe esta división en el mundo: los conceptuales y los literales.

Pero vamos a lo que vine…

Cuando preparo una locución, intento descubrir la imagen que habita detrás del texto. Escuchar lo que el director creativo insinúa, que no siempre es lo mismo que termina diciendo. Esa interpretación de «lo no dicho», pero expresado de alguna forma, es el humus constructor de la capacidad receptiva del locutor. ¡Fascinante!

Cuando analizo una cartera de seguros, no veo solamente indicadores. Intento descubrir la historia que cuentan esos datos. La huella. El rastro…

Y entonces me doy cuenta de que hago exactamente lo mismo cuando fotografío un campo aplicando técnica circumpolar o una solarigrafía.

¡Soy Coherente! Hago lo mismo en todos los ámbitos! Momento WOW!

Nunca me fascinó el instante. Siempre me fascinó el recorrido. La huella que deja el tiempo. Quizás por eso también digo que la voz —o la palabra— es como una púa que graba mensajes en el tiempo. (mi slogan)

Cuando comparo tarifarios internacionales de locución, no me interesa memorizar valores. Busco el criterio, la lógica que organiza todo el sistema.

Y cuando una explicación no alcanza… dibujo. Bueno, yo no… la IA.

Paradójicamente, no vino a reemplazar mi manera de pensar. Vino a potenciarla.

Por primera vez pude convertir con facilidad esos mapas mentales que llevaba años construyendo en infografías. Y apareció una nueva habilidad en mi tablero de conocimiento: transformar conceptos complejos en representaciones visuales que ayudan a comprender.

Comencé a transformar mis capacitaciones en infografías y la respuesta del público fue extraordinaria. Después de décadas de profesión, muchos finalmente comprendían aquello que nadie se había sentado a explicarles antes.

Y esa es, justamente, la idea: sentarme a explicar lo que fui comprendiendo de un mundo técnico y complejo, y encontrar la forma de hacerlo más sencillo para que otros también puedan verlo.

Una buena infografía no reemplaza una explicación. Construye un puente entre una palabra y su significado. Entre un dato y su contexto. Entre una idea compleja y una imagen que permite recorrerla para comprenderla.

Así nació el Consultorio de Presupuestos. Escuchando las dudas de quienes se acercan a las consultas, descubrí que muchas veces el problema no era cuánto cobrar, sino que nadie enseñaba a comprender cómo estaba construido un tarifario. Las infografías empezaron a convertirse en mapas para leer criterios, no solamente valores.

Lo mismo ocurrió con Primeros Pasos. Más que explicar conceptos aislados, empecé a dibujar cómo se relacionaban las piezas de una campaña, cómo leer un presupuesto, qué función tenía cada elemento y por qué existía.

Comprender antes de memorizar.

Confieso que hace muy poco —un mes o dos atrás— comprendí que llevaba años haciendo exactamente lo mismo en el mundo de los seguros.

Palabras, números e indicadores. Algunos se transforman en KPI (Key Performance Indicators).

Pero la pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué significa todo esto? ¿Qué cuadro están pintando estos números?

Por eso también, en ese mundo, empezaron a aparecer las infografías sobre términos técnicos, a las que les agregué cierta picardía periodística: La Ruta de los Denunciados, Del Dato al Relato, Anatomía de un Siniestro, Glosario de Indicadores Técnicos… nombres que invitan a explorar otras lecturas posibles de mundos de análisis que quizá todavía no habíamos recorrido.

Me apasiona mucho porque sigo aprendiendo todos los días… Incluso nuevas formas visuales para encontrar esa combinación entre lo lúdico, lo ingenioso y lo técnico, para contar mejor el relato.

Porque cuando uno logra ver el sistema completo, los datos dejan de ser números o palabras sueltas y empiezan a contar una historia.

Y soy locutora. Mi vida pasa por contar historias…

Siempre será mi manera de conocer el mundo: explorar para contar.

No acumular definiciones, sino buscar la imagen que las une.

Quizás por eso disfruto tanto creando infografías: porque las uso para charlar y vuelvo a empezar con el título.

Porque las buenas charlas son como pintar hermosos cuadros con datos o palabras…

Infografías:

¿Qué es qué? ¿Cómo comprender lo que cotizamos de las Campañas Publicitarias?

Es el material del que hablamos a diario quienes cotizamos campañas de locución publicitaria. Conocer qué nombre lleva cada pieza, cuál es su alcance y cuánto vale le da una especie de carta de poder mágica a quien negocia, porque ya no está en blanco: sabe de qué están hablando, conoce el precio y el alcance de cada pieza, y de ahí en adelante dependerá de su capacidad para llevar adelante una buena negociación.

Nivelar para arriba, siempre. ¡Allá vamos!

Comparativo de campañas: Argentina + Colombia + Uruguay

Se trata de comprender la lógica de cada tarifario, entrando descalzos a leer cómo ven el mundo en cada país.

La regla que enseño es tratar de no bajarse jamás del mínimo sugerido por cada país al momento de armar una campaña. Eso también es respetar el valor del trabajo. Aun cuando tengamos que negociar —porque negociar es parte de nuestro oficio—, siempre debemos tener presente ese piso.

Indicadores de siniestralidad

Los indicadores de siniestralidad intentan acercar una explicación a un mundo donde no todos somos actuarios. Muchos aprendemos de oficio y muchos otros realizan tareas administrativas que, en apariencia, no tienen relación con estos términos.

Sin embargo, la cara de las personas cuando les explicás conceptos técnicos «en fácil» es… ¡lo más! Como si siempre hubiera faltado ese engranaje para comprender ciertas cosas que, por no conocer su significado, las dejaban afuera de la conversación.

La Ruta de los Denunciados

No siempre alcanza con analizar cuánto dinero gastamos. También necesitamos observar qué tipo de negocios estamos contratando.

Analizar las denuncias permite leer un lenguaje de patrones invisibles que puede ayudarnos a comprender mejor la sanidad de las pólizas que tenemos. Porque detrás de la cantidad de casos también hay información: frecuencia, concentración, recurrencias y comportamientos que pueden revelar algo que el monto, por sí solo, no muestra.

Gracias por haber llegado hasta acá…

Nos leemos en el próximo posteo!!

Buen camino!

Maru 🙂